Siloé, de Paul Gadenne

Este es el tercer libro de Paul Gadenne que leo y siempre que lo leo, es un exitación ojearlo y una lectura recomendada. Además, por el momento no esperaré tanto antes de seguir con este escritor, me se ve irreconocible. Pero antes que nada, hablemos del libro: “Siloé”. ¿De qué está comentando este último y qué me pareció?

En su libro, Paul Gadenne empieza contándonos la narración de Simón, un joven y brillante estudiante, que se prepara para su rivalidad por la Sorbona para la Agrégation. La vida diaria de Simon está marcada por tutoriales universitarios, sesiones de trabajo entre alumnos y una novia, bastante invasivas. Simón raramente ve su mitad, porque Simón es un estudiante serio, es un estudiante que no quiere perder el tiempo con cosas inútiles. ¿Qué quiere Simon? Hablamos de tener éxito en la escuela y nada puede desviarlo de su destino. Esto es lo que nos comunica el primer capítulo titulado: “Prólogo”. Después el libro cambia a otro mundo cuando Simón se entera de que tiene tuberculosis. Y es allí, en el sanatorio del Monte Armenaz, donde empieza la narración de Simón. El sanatorio, como nos lo detalla el creador, es un espacio austero, lleno de monotonía, donde los pacientes se sienten solos, como si hubieran sido dejados en una rutina día tras día diseñada para calmarlos. Al inicio, Simon tendrá adversidades para acostumbrarse a este universo que da un giro cerca de la patología. Todo es tan relajante, todo es tan relajado, todo es tan triste, en este lugar que vive en un espacio cerrado, pero simultáneamente, la naturaleza cerca del sanatorio es tan hermosa, divina…. De a poco, con el pasar de los años y de las estaciones, Simón se acostumbrará a su nuevo mundo. Este último conocerá a la multitud, Simón inclusive hará un amigo y más que nada, por primera oportunidad en su historia, se enamorará verdaderamente de un amor que no puede ser rechazado, de un amor que se adhiere a tu piel y a tu cabeza, de un amor que te permite sin tregua…. Por extraño que parezca, es en este lugar de la desaparición donde está el sanatorio, donde Simón aprenderá a vivir y a vivir.

Algunas veces, a través del espesor de la niebla, se veía algunas veces un disco pálido, que próximamente se hundía en este planeta líquido y dinámico que lo sumergía todo, inclusive el sol. Era como el último destello de una conciencia hundida que intentaba insistir, controlar el universo turbulento que lo oprimía. Simón, que fue atravesado por el frío bajo sus mantas, se encontraba inspeccionando sospechosamente este horizonte subversivo entre las barras del balcón, y sintió una necesidad desgarradora de luz y pureza creciendo dentro de él. Pero también fue tragado, desarmado. Las fuerzas del subsuelo parecían haberse apoderado de su historia y se dejaba mover, día a día, hacia el instante en que esa pequeña conciencia que aún le quedaba le resultaría por último inútil.

“Siloé” es, por consiguiente, la primera novela del escritor francés Paul Gadenne. Y qué novela! Es una verídica obra maestra, una pequeña joya literaria… Hoy en día, en varias de las primeras novelas contemporáneas se perdonan varios pequeños defectos, en tanto que en esta obra meditativa que es “Siloé” no hay nada de qué disculparse, nada de qué perdonar. El libro de Paul Gadenne no es sólo una historia, es también una reflexión, una meditación, sobre la vida, la naturaleza (ocupa un enorme lugar en esta novela), el hombre, la tentación, el mal, el bien, el cariño, la vida…. La historia progresa despacio, muy despacio, muy despacio, muy despacio, a paso de lobo, pero jamás aburre esta (formidable) prosa prosa, no jamás, porque está todo controlado, sino también todo lo que se cuestiona… Y por todos lados. Avanzamos dos pasos y retrocedemos un paso, este libro es una danza clásica puntuada por espectaculares diálogos con una atmósfera anticuada. Además, con sus largas oraciones, el creador impone su ritmo. Es un libro marcado por el silencio, un silencio que reina supremo y que empuja a Simón a medir mejor la búsqueda que transporta a cabo. No voy a comentar de los varios individuos de este texto, voy a dejar que los descubran, pero puedo mencionar que la mayoría de ellos se aburren hasta la desaparición en su sanatorio aislado. Para deducir, me se ve que la escritura de Paul Gadenne puede compararse a la de Marcel Proust. No sé si mi comparación es precisa, pero así es como me sentí.

He despertado a los 30, divorciada. Ahora inicio una nueva etapa en este blog.
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