Las vidas de papel de Rabih Alameddine

Les Vies de papier es una novela en primera persona. Aaliya, la narradora, es una anciana fina y satírica que siempre ha vivido en Beirut. Nos habla de su historia, desde la coloración fallida de su cabello en este momento azul, hasta su boda fallida, pasando por la vida en una capital en una guerra persistente.

Pero lo que más le importa a Aaliya son los libros. Ya hace varios años dirige una pequeña librería y, por medio de su enorme dominio de los lenguajes y a su beca, dedica su momento de libertad a la traducción de libros en francés o inglés al árabe. Cada primero de enero, se escoge por una exclusiva traducción donde trabajará a lo largo de todo el año. Usa primordialmente libros que ya fueron traducidos, entre otras cosas Anna Karenina, una novela rusa traducida al francés. Este sutil trabajo solitario se hace a puerta cerrada: jamás se distribución a nadie y jamás ha enviado sus traducciones a ningún editor.

Hay que decir que nuestra heroína tiene un enorme carácter y es muy irritable. Sin hijos, soltera a lo largo de un largo tiempo, tiene enormes adversidades para crear buenas relaciones con los demás. Llama a sus vecinos brujas, se niega a proteger a su madre en su apartamento, no sabe el número o el nombre de sus nietos, etc.

“La literatura es mi caja de arena. Juego allí, construyo mis fortalezas y castillos, paso un tiempo espectacular allí. Es el planeta fuera de mi caja de arena con el que tengo un inconveniente. »

De hecho, Aaliya elige la compañía de individuos literarios a la compañía de hombres enserio. Símbolos de fuga y emancipación de las presiones sociales y de un país asolado por conflictos que no paran, la heroína opta por vivir con la vida del papel.

A través de los ojos de su heroína, el creador pinta un conmovedor retrato de la región de Beirut, sus creaciones, destrucciones y reconstrucciones, sus peligros, pero también su hermosura y encanto. Este aprecio por la ciudad más importante libanesa me se ve conmovedor, las localidades en guerra extraña vez son interesantes.

Algunas veces me resultaba difícil continuar los meandros de los pensamientos de Aaliya porque su crónica está llena de digresiones, pero le otorga bastante realismo a la novela. La anciana de setenta años habla de manera directa al lector y jamás pierde el hilo de sus pensamientos, dado que siempre acaba diciéndonos con humor e impertinencia lo que había comunicado. Pero la trama en sí es muy pobre, lo que me decepcionó un poco.

Mencionado lo anterior, aprecié a Hannah, su cuñada, el único personaje verdaderamente positivo en mi opinión, y que Aaliya no la entendió lo bastante próximamente como para llevar a cabo de ella una verídica amiga. Me gustaba su naturalidad, su franqueza y su brillo. ámbas mujeres deciden volver a hallarse por la noche: mientras Hannah teje, Aaliya lee en sus libros filosóficos que las dos tienen adversidades para comprender.

Me encantó esta verídica oda a la literatura, la que nos facilita soñar, seleccionar otras vidas u otros parientes que no sean los de la verdad. Puedes sentir el cariño incondicional de la heroína por la literatura y como lector también, yo sólo podía sentirme en armonía con Aaliya.

“Cuando leo un libro, hago todo lo viable, no en todos los casos con éxito, para dejar que la pared se derrumbe un poco, la barricada que me divide del libro. Estoy intentando de involucrarme. Soy Raskolnikov. Soy K. Soy Humbert y Lolita. Yo soy tú. »

Lamentablemente, aunque me gustaba su lado poco común, su negativa a someterse a algún autoridad, que en los años setenta era valeroso, la encontré bastante triste, bastante solitaria, encerrada entre los muros de los libros y las traducciones que había constituido entre ella misma y los demás como para estar completamente subyugada por esta novela.

He despertado a los 30, divorciada. Ahora inicio una nueva etapa en este blog.
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